miércoles, 21 de mayo de 2014

La cuatro leyes de la vida.

Primera ley: 
“La persona que llega es la persona correcta”, es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.
Segunda ley :
“Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”. Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: “si hubiera hecho tal cosa hubiera sucedido tal otra…”. No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.
Tercera ley:
“Cualquier momento que comience es el momento correcto”. Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.
Cuarta ley:
“Cuando algo termina, termina”. Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.
Creo que no es casual que estén leyendo esto, si este texto llegó a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado.

sábado, 17 de mayo de 2014

Miedo, sólo miedo.

¿Conoces esa sensación que siempre nos invade en los peores momentos? ¿La sensación de sentirte incapaz? Yo hace un tiempo tuve el honor de presentarme ante él y que poder tiene. Lucha contra medio mundo, mientras el otro medio se alía con él. Rompe hasta lo irrompible y no siente la mínima culpabilidad. Cada vez son más sus aliado, más los pobre indefensos frágiles a su poder, cada vez se hace más fuerte. Nadie creía poder pararlo, pero cada persona que había perdido en sus batallas se levanto para seguir luchando. Una tras otra, fueron demostrándole que puede hundirnos, pero jamás derrotarnos. Maldito miedo, que desamparado va; maldito miedo, cuando volverá a ser una palabra más.