Abres la boca, sueltas lo primero que se te pasa por la cabeza; sin saber que las palabras, son la peor arma de destrucción. No hace falta rozar, tocar; para taladrar el corazón. No hace falta pegar, agredir; para destrozar las ilusiones, para romper los sueños. Se puede llegar a decir cosas bonitas, que saquen sonrisas sin que fuera esa la razón por las que se dicen. Pero, si se descubre que fueron mentiras, volvemos a tener algo roto.
Dios mío que bonito. Sigue así Paula ;)
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